LA RAZA OLVIDADA:
LA CUENTA DE
UNA MUJER IMMIGRANTE
(THE STORY OF
AN IMMIGRANT WOMAN)

photo Gabby Garcia-Steib
Published  May 2017

La primera vez que me encontré Alba*, supe que era una mujer fuerte. Ella irradia belleza y poder. Nos conocimos en el trabajo, y yo estaba inmediatamente conectado a su lado. Ella me enseñó la historia del tequila y hizo pupusas frescas para mí en nuestras noches libres. Hasta hace poco, yo sólo conocía las partes mayores de su historia: que era una inmigrante hondureña que sufrió mucho durante su infancia, y como adulto.

Con todos los temas recientes relacionados con la deportación en los Estados Unidos, pensé que sería un buen momento para documentar la lucha de mi amiga. Al principio, sólo pensé que la parte trágica de la inmigración era la incapacidad de regresar a la familia. Ahora, me doy cuenta de que hay mucho más dolor en el camino aquí a los Estados Unidos.

Durante mi vida, he comprendido, pero no me he identificado con la lucha de la inmigración y su impacto en la familia y la estabilidad mental de quienes sacrificaron sus vidas por el Sueño Americano. He presenciado que sucede a amigos y familiares: la inhumanidad de la deportación. Los latinos arriesgan sus vidas todos los días para cruzar una frontera que los coloca instantáneamente en la opresión. Dejan todo lo que tienen detrás, incluyendo pertenencias, familiares, recuerdos, todos para obtener seguridad en un lugar que a menudo los evita.

“Después caminé 48 horas hacia Nueva Orleans. Me duele el cuerpo, me tuvo hambre, estuvo sola pero después todo, quería seguir adelante.”

Según el estudio realizado por el Centro de Investigación Pew en 2014, el 80% de las mujeres Centroamericanas fueron agredidas sexualmente cruzando la frontera. La mayoría de estas mujeres tenían menos de 21 años. Los funcionarios estadounidenses rara vez toman la culpa de estas tragedias, sin embargo criminalizar a los latinos por traer daño al daño a nuestro país. El sueño americano es una visión de atrapada entre la frontera del sufrimiento y la libertad. Es algo que no se puede definir dentro de un perímetro, porque para cada inmigrante, significa algo diferente.

Cuando Alba era una niña, tenía metas y sueños para trabajar y ayudar a su familia, pero esos sueños desvanecieron tras los abusos de los narcos y la autodestrucción de su propio cuerpo como resultado del abuso. Ella está compartiendo su historia para informar a la gente de la lucha de las mujeres inmigrantes, y las razones por las que dejó atrás su país.

Alba nació en un pueblo cerca de Tegucigalpa, Honduras. Ella tenía una gran familia, y padres que trabajan duro. Ella empezó a trabajar cuando tenía ocho años, vendiendo caramelos y chocolates en las calles, y haciendo pan con su mama todos los días para vender también. Ella tenía que trabajar todo su niñez para ayudar sus padres. Cuando tenía diez años, empezó a trabajar en un supermercado. La mayoría de sus recuerdos de la infancia eran de trabajo, hasta que un día, su infancia llegó a el fin.

“Una día cuando soy era niña, siempre trabajando en la casa, él hombre que mi padre le dio comida, pues él quería andar conmigo. No lo quisiera andar con él. Al día siguiente me siguió a mis clases. Me subió, me rompió y me violó. Yo era una niña y yo sufrí mucho. Descubrí que era un narcotraficante, un hombre quien violaba a menudo a las mujeres. Cuando el hizo todo que lo hizo, me puso en un hotel con su arma. Cuando yo vi, yo quería agarrarla y matarla porque en esto momento no pensaba más que verlo muerte de el. Me pego, me violó, arranco mi ropa, y me dijo: ‘Si tú hablas con sus papas de esto, ellos mueren y tú mueres.’ Estaba cerrada, No salió ningún lado. Yo solo lloraba, yo me sentía sucia. Una día me escapara de regreso a mis padres, luché con trastornos de la alimentación. Al principio, estaba comiendo tanto, y luego poco después me morí de hambre. Yo estaba solo y enfermo y sin nutrición. Quería sobrevivir y saber si vale la pena para vivir.”

El tiempo pasó, y ella continuó trabajando duro para ayudar a sus padres. Independientemente de lo que había sucedido, ella siguió adelante, y siguió la búsqueda de sus sueños. Ella todavía se abstenía de comer mucho, tenía dos manzanas al día y se hizo más delgada que antes.

Poco después, otro Narco apareció en su vida. Se encontraron en la ciudad capital, y él insistió en cuidarla. Era un hombre mayor que pagaba sus estudios y ayudaba a su familia con dinero. Su sueño era alejarse d los Narcos, pero de alguna manera siempre la encontraban. No le atraía, pero necesitaba el dinero y la ayuda. No pasó mucho tiempo antes de que ella se sintiera abusada de nuevo, y ella sabía que era hora de dejar a su familia para los Estados Unidos. Viajó en varios autobuses a través de Guatemala, y la mitad oriental de México. Una vez que estuvo más cerca de la frontera, caminó el resto del camino. Pasó seis días caminando a pie en el desierto, sin árboles ni agua, sólo el sol y el peligro.

Llegó a Nueva Orleans, cansada pero fuerte. Encontró un trabajo, y conoció al padre de sus hijos. Ella estaba feliz, y trabajaba día y noche para ahorrar dinero para ellos. Finalmente su marido fue deportado de Nuevo a Honduras, ella le envió dinero, incluso mientras estaba embarazada. “Regresé a Honduras, y nada fue lo mismo. Pensé que estaba ahorrando el dinero, pero lo desperdició.Tuve el bebé y trabajaba para nada. Andaba con otras mujeres, estaba implicado en negocios peligrosos. No quería esta vida para mis hijos.”

Ya no podía quedarse en esta vida. La destruyó al ver que su relación con él se desmoronaba, y no había nada que pudiera hacer sino regresar a los Estados Unidos. Una vez más, ella tomó un autobús a través de México. Esta vez, el autobús se detuvo al azar. Los hombres armados entraron y dijeron que era una inspección y nada más. Preguntaron a todas las personas en el autobús. Se dio cuenta de que no fueron oficiales y quisieron plata.

“Me preguntaron si tenía hijos. No respondí. Me llamaron ‘estúpida, perra!’ Comenzaron a matar a otra s personas en el autobús. Un hombre dijo que si cogía con él, me protegería. Dije que no. Tenía una meta. Quería finalmente estar libre de mi pasado. Llamé a mis padres y les supliqué por dinero. Les dije que los hombres querían matarme. Finalmente mi hermana pagó la plata y después caminé 48 horas hacia Nueva Orleans. Me duele el cuerpo, me tuvo hambre, estuvo sola pero después todo, quería seguir adelante.”

Ahora, Alba está feliz, trabajando, y junto con sus hijos. Ella ha ahorrado dinero para tener una casa y un coche. Ella trabaja en dos empleos y es estable económicamente y emocionalmente. Ella sigue luchando con su pasado, pero sabe que hizo todo para una vida mejor, sin carteles, el abuso y la pobreza.

“En realidad puedo a decir esta para todos estamos acá en los Estados Unidos que nosotros pasamos en el camino solo nos sabemos nosotros, sufrimos tanto, nos necesitamos. Quiero seguir adelante, quiero demostrar de los personas que pueden avanzar desde el pasado. Soy una mujer quien es mas poderosa hacer cualquier cosas. Personas se dirán que no pueden hacerlo, que no son inteligente, pero puede, y no están solos.”

La historia de Alba no termina aquí. Ella luchará siempre con el temor de deportación, y siempre estará atormentado por el trauma de su pasado. Viviendo en los Estados Unidos no es fácil como inmigrante, pero ella quiere compartir todo lo que ella atravesó para llegar aquí. Si ella puede hacerlo, también lo pueden hacer otros inmigrantes.

*nombre cambiado para proteger la identidad

-Palabras y fotos Gabby Garcia-Steib


The first time I met Alba*, I knew she was a strong woman. She radiated beauty and power. We met at work, and I was immediately connected to her side. She taught me the history of tequila and made fresh pupusas for me on our nights off. Until very recently, I only knew the major parts of her story: that she was a Honduran immigrant who suffered throughout much in her childhood and as an adult.

With all the recent issues surrounding deportation in the United States, I thought that now would be a good time to document my friend’s struggle. At first, I only thought that the tragic part of immigration was the inability to return back to one’s family. Now, I realize there is much more pain on the road here to the United States. During my life, I have understood, but not quite identified with the struggle of immigration and its impact on the family and mental stability of those who risked their lives for the American Dream. I have witnessed the inhumanity of deportation happen to friends and family. Latinos risk their lives every day to cross a border that instantly places them in oppression. They leave everything behind, including belongings, family, memories—all to obtain safety or security in a place that often shuns them.

“I walked 48 hours to New Orleans. My body ached; I was hungry; I was alone. But after all, I wanted to move forward.”

According to a study by the Pew Research Center in 2014, 80% of Central American women were sexually assaulted crossing the border. A majority of these women were under 21. U.S. officials rarely take the blame for these tragedies, yet criminalize Latinos for bringing harm to our country. The American Dream is something that cannot be defined within a perimeter, because for each immigrant, it means something different.

When Alba was a young girl, she had goals and dreams to work and help her family, but those dreams vanished after abuse from the Narcos, and the self-destruction of her own body as a result of the abuse. She is sharing her story to inform people of the struggle of immigrant women, and the reasons why she left her country behind.

Alba was born in a town near Tegucigalpa, Honduras. She had a huge family and parents who worked hard. She began to work when she was 8 years old, selling caramels and chocolates in the streets, making bread with her mother every day to sell as well. She had to work all throughout her childhood to help her parents. When she was 10 years old, she began work in a supermarket. Most of her early memories were of work until one day, her childhood came to an end.

“One day, when I was a girl, always working in the house, a man that my father gave food to, well he wanted to be with me. I didn’t want to be with him. The next day he followed me to my classes. He climbed on me, he broke me, he raped me. I was a girl, and I suffered so much. I discovered he was a Narco; he was a man who often sexually assaulted women. After he did everything that he did to me, he put me in a hotel with his gun. When I saw it, I wanted to grab it and kill him because at that moment I was thinking of nothing else but to see his death. He hit me, he violated me, he ripped off my clothes, and said ‘If you talk to your parents about this, they die and you die.’ It was closed. There was no side to go out of. I just cried. I felt dirty. One day I escaped back home to my parents. I struggled with eating disorders; at first I was eating too much, and then soon after I starved myself. I was alone, sick, and malnourished. I wanted to survive and to know if life was worth living.”

Time passed, and she continued to work hard to support her parents. Regardless of what had happened, she moved on and kept pursuit of her dreams. She still refrained from eating much; she had two apples a day and became thinner than before.

Soon after, another Narco appeared in her life. They met in the capital city, and he insisted on taking care of her. He was an older man who paid for her studies and helped her family with money. Her dream was to stay away from the Narcos, but they somehow always found her. She was not attracted to him, but she needed the money and the help. It wasn’t long before she felt abused again, and she knew it was time to leave her family for the United States. She traveled on various buses through Guatemala, and the eastern half of Mexico. Once she was closer to the border, she walked the remainder of the way. She spent six days walking on foot in the desert, without trees or water, only with the sun and danger.

She arrived in New Orleans, tired but strong. She found a job and met the father of her children. She was happy, working day and night to save money for them. When her husband was deported back to Honduras, she sent him money, even while she was pregnant.

“I returned to Honduras, and nothing was the same. I thought he was saving the money but he wasted it. I had the baby and worked for nothing. He was with other women and involved in dangerous business. I did not want this life for my children.”

She could not stay around this life anymore. It destroyed her to see her relationship with him fall apart, and there was nothing she could do but return to the United States. Again, she took a bus through Mexico. This time, the bus was stopped at random. Armed men entered and said it was an inspection and nothing more. They questioned all of the people on the bus. She realized they were not official, and they wanted money.

“They asked me if I had children. I didn’t answer. They called me ‘stupid bitch!’ They began to kill other passengers on the bus. One man told me that if I slept with him he would protect me. I told him no. I had a goal. I wanted to finally be free from my past. I called my parents and begged for the money. I told them that the men wanted to kill me. Finally my sister paid them the money, and I walked 48 hours to New Orleans. My body ached; I was hungry; I was alone. But after all, I wanted to move forward.”

Now, Alba is happy, working, and with her children. She has saved enough money to have a house and a car. She works two jobs and is financially and emotionally stable. She continues to struggle with her past, but knows she did everything for a better life, without cartels, abuse, and poverty.

“I can actually say this for all of here in the United States that we have come a long way, we only know each other, we suffer so much, and we need each other. I want to move forward. I want to demonstrate that people can move forward from the past. I am a woman who is powerful to do anything. People will tell you that you can’t do it; but you can, and you’re not alone.”

Alba’s story does not end here. She will always fight the fear of deportation, and always be haunted by the trauma of her past. Living in the United States is not easy as an immigrant, but she wants to share all that she went through to get here. If she can do it, so can other immigrants.

*name changed to protect identity

-Palabras y fotos Gabby Garcia-Steib

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